Parece mentira, pero todo comenzó con un cigarrillo. Me encontraba en UBIK, la biblioteca de Tabakalera desde la que día a día acudía a buscar trabajo sin éxito alguno. Cerré el portátil con cara de frustración y decidí ir a despejarme un poco. Me subí al ascensor con dirección a la terraza de la quinta planta y, en la tercera, el ascensor paró para recoger a un tipo sonriente y afable, y claro, sin quererlo ni beberlo, salimos de él ya charlando. Me contó quién era y qué hacia en Impact Hub, el espacio de la tercera planta del edificio. Y al volver, me invitó a conocerlo para proponerme lo que él llamo un “trueque”. Yo no lo sabía aun, pero haberme encontrado a Xabi iba a cambiar mi vida.

Porque fue entonces cuando comenzaron los turnos mañaneros de host: abrir el espacio con las legañas puestas, hacer el primer café del día y, sobre todo, recibir a las personas. Me encantaba porque la gente siempre entraba sonriente por la puerta. Personas con sueños diversos y de colores, con ganas de cambiar las cosas de sitio, de llevar al mundo hacia un lugar más verde, sostenible y justo, con fuerza interior para trabajarse a si mismos, con capacidad de transformación hacia adentro y hacia afuera, con muchas aventuras aun por recorrer. Y lo sabían y por eso sonreían. Todos eran diferentes y al mismo tiempo todos, de una manera u otra, desprendían esa esencia.

 

Entonces una cosa llevó a la otra y cambiamos el acuerdo host por un contrato, y en mi mundo entraron como un torbellino nombres impronunciables, de aquí y del otro lado del mundo, y muchos retos y muchas ganas junto a compañeros y compañeras de trabajo que llenaron mi cabeza de historias, de experiencias, de conocimientos y de vivencias en torno a un mismo espacio: Impact Hub Donostia. Una cooperativa sin ánimo de lucro conformada por 15 locos y locas que en la asamblea general abrían cervezas porque esto sin bizipoza es que no merece la pena, como nada en la vida, oye; compañeros y compañeras que a veces se gritaban de enfado y a veces de alegría, que eran capaces de discutir toda una mañana sobre uno de los valores de nuestra cooperativa, intentando plasmar un mundo en una palabra, para no errar en lo más importante: la manera en la que se hace el camino, no en la que se llega al destino. Y sí, digo nuestra cooperativa porque tuve la inmensa suerte de que estos locos y locas pensaran que yo podría contribuir a esta demencia y me hicieron cooperativista. Y ahora soy otro chiflado más con la convicción de que hay que dejar un mundo mejor que el que recibimos.

Y entonces aprendí tanto tanto en este lugar que no terminaría si comenzara a explicaros. Ni merece la pena. Porque mañana también puedes entrar tú por esa puerta, sonriendo, y vivirlo en carne propia.Pero sí que daré las gracias. Miles de ellas ya han sido entregadas mediante palabras o con mi misma mirada. Y si te has perdido la tuya, aquí he puesto algunas escritas. Y si no estas, vente a verme a Barcelona, estas invitado/a y te la daré encantado.

 

Gracias Erika por mostrarme tanto sobre el emprendimiento y hacerlo de una manera tan honesta.

Gracias Sergio por volar repartiendo economía circular por todas las escuelas de Gipuzkoa sin siquiera dejarme preguntarte como recompensarlo.

Gracias Víctor por enseñarme que el conocimiento, la constancia y las ganas de hacer cosas terminan cambiando el mundo.

Gracias Sandra por aprender sonriendo. Siempre sonriendo. Y contagiarnos al resto con ello.

Gracias Víctor, mi camarada eterno, por mostrarme con tanto amor y tantas historias sonrientes la ciudad más bonita del mundo ¿Sabes cuál es el secreto? Pues que contigo paseando todas serían así.

Gracias Mikel por enseñarme con tanta pasión que la manera empresarial más justa de organizarnos entre todos y todas es mediante el cooperativismo, y que, además, no es una forma jurídica, sino una manera sostenible y sensible de entender el papel de la empresa en la sociedad.

Gracias Iñigo porque aunque no te conozca, lo vamos a remediar pronto. He oído hablar tanto de ti que en Madrid es una de las primeras cosas que pienso hacer.

Gracias Tomás por mostrarme que para cambiar hay que tomar decisiones y tirarse a la piscina. Sólo así todo acontece.

Gracias Álvaro por dejarme ver que el cariño viene dado de muchas maneras.

Gracias Aitor por siempre confiar en mi y valorarme. Ese calor me ha impulsado a intentar trabajar como mejor he podido, siempre.

Gracias Sayuri por enseñarme a ver más allá de lo inmediato y a jugar en tableros imposibles con ese saber estar con el que nos calmas a todos.

Gracias Xabi por mostrarme que las mejores personas son aquellas que se trabajan a si mismas con el fin de hacer más felices la vida de aquellos que les rodean.

Gracias Josune por enseñarme cómo romper un tablero. Como reconstruirlo. Y como volver a romperlo mil veces más si es necesario. Que la reinvención viene de la ruptura. Que el conflicto si es honesto es bello y necesario.

Gracias Verena por ser mi mejor amiga. Por haberme abrazado siempre que sabías que lo necesitaba. Por no fallar ni una.

Gracias Jox por haberme enseñado tantas cosas de manera tan altruista. Por haberme dejado compartir juntos este viaje tan maravilloso. Por valorarme como profesional y quererme como amigo. La sinceridad de tus palabras son un ejemplo para mi que me llevo al fin del mundo.

Gracias a todos y todas por entenderme, y mostrármelo regalándome estos versos

Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen, 
ez zuen alde egingo.
Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen,
ez zuen alde egingo.
Baina, honela
ez zen gehiago txoria izango.
Baina, honela
ez zen gehiago txoria izango.

 

Pero esto no se termina amigos.

Acaba de comenzar, y tenemos todo un mundo que cambiar por delante.

A por ello.

 

 

PD: Ya no fumo, otro desafío resuelto en parte gracias a vosotros/as. Pero eso sí, nunca me arrepentiré de ese cigarro. El que me fume con Xabi aquella mañana tonta en la terraza de Tabakalera ¡Hasta la próxima!