Nerea González / Responsable de proyectos Impact Hub Donostia

La 26.ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), más conocida como la COP26, se ha celebrado a lo largo de la primera quincena de noviembre en la ciudad escocesa de Glasgow. Son reuniones internacionales que reúnen anualmente a los gobiernos de cerca de 200 países con el objetivo de llegar a acuerdos y tomar decisiones necesarias para cumplir con los compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para frenar la crisis climática científica, política y socialmente reconocida.

Aunque el cambio climático viene siendo un tema analizado por la ciencia y tratado en foros internaciones desde los inicios del siglo pasado, no fue hasta 1992, en la segunda Cumbre de la Tierra celebrada en Brasil donde se elaboró el Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en el que ya se reconoce que los gases de efecto invernadero que emite el ser humano en su actividad cotidiana están contribuyendo al cambio climático y donde se acuerda que cada país firmante debe reducir esos gases. Para concretar, desarrollar y evaluar los cuerdos se celebran anualmente las COP, en las que participan delegaciones gubernamentales y gentes expertas de todo el mundo.

Historia de la COP

La primera COP se desarrolló en Berlín, en 1995, y la número 26 se debería haber celebrado en Glasgow hace un año, pero la pandemia obligó a aplazarla 12 meses. En la COP21, celebrada en París en 2015, es donde se acuerda que cada país que asuma el pacto se compromete acometer recortes de sus emisiones de gases. La suma de todas esas reducciones debería ser suficiente para que se cumpla el principal objetivo del acuerdo: que el aumento de la temperatura media del planeta no supere los dos grados centígrados respecto a los niveles preindustriales y en la medida de lo posible que no rebase los 1,5. Ese es el límite que establece la ciencia para evitar los efectos más catastróficos de una situación que en estos momentos no se puede revertir.

El planeta está ya en un calentamiento de 1,1 grados. 120 de los casi 200 países firmantes del Acuerdo de París han revisado sus planes de recorte de emisiones hasta el arranque de la cumbre. Pero aún y todo, y aunque cada país las cumpliese, resultan insuficientes; desde el mundo científico que asesora a Naciones Unidas ya han alertado que los planes actuales llevarían a un incremento de la temperatura alrededor de 2,7 grados y es así como el propio secretario general de Naciones Unidas ha avisado de que el mundo se sigue “encaminando hacia una catástrofe climática” y que los países deben duplicar sus objetivos de reducción de gases de efecto invernadero.

¿Qué se está debatiendo? 

El marco general de la cumbre es asegurar la reducción de emisiones y la adaptación de los hábitats humanos a los nuevos escenarios climáticos en los que la humanidad ha de vivir, estamos viviendo ya.

En los prolegómenos de esta Cumbre fueron cuatro los principales objetivos presentados por la presidencia británica: 

-Conseguir los acuerdos necesarios para asegurar la neutralidad climática para mediados de siglo y seguir manteniendo el límite en el ascenso de la temperatura de 1,5 grados centígrados.

-Desarrollar medidas de adaptación para proteger comunidades y hábitats naturales.

-Asegurar financiación de los países en desarrollo (se busca movilizar más dinero para lograr los 100.000 millones de dólares al año que se anunciaron ya en la cumbre de París y que por ahora se viene incumpliendo);

-Trabajar conjuntamente para poder cumplir los acuerdos y “acelerar la acción para abordar la crisis climática a través de la colaboración entre gobiernos, empresas y sociedad civil”.

Viendo el desarrollo de los debates, el documento definitivo redactado el sábado pasado, un día después de lo previsto, se puede decir, que han sido pocos los compromisos vinculantes y que hay una posición dominante de retardismo en la implantación de medidas efectivas contra el calentamiento global.

Destacados

Destacaría dos cuestiones; Un tema que se lleva arrastrando desde París es la protocolización y control de datos. Los países acordaron utilizar normas comunes para notificar sus emisiones de gases de efecto invernadero y para seguir el curso del avance hacia el cumplimiento de sus objetivos estatales de forma transparente, verificable y comparable. Hace pocos días “The Washington Post’ presentó una investigación en la que se evidencia que hay importantes diferencias entre los informes de emisiones que las naciones remiten a Naciones Unidas y lo que realmente expulsan a la atmósfera, según bases de datos científicas independientes.

En un artículo de Eduardo Robaina en Climática-La Marea, destaca que “muchos gobiernos no declaran sus emisiones de gases de efecto invernadero en sus informes a las Naciones Unidas” la investigación realizada, tras analizar los informes de 196 países concluyen que existe una brecha que va desde las 8.500 millones de toneladas anuales de emisiones de gases de efecto invernadero no declaradas –en el mejor de los casos– hasta las 13.300 millones de toneladas, un 23% de lo que se emite al año”. Estas emisiones ocultas suponen entre el 25-40% de lo que podríamos emitir para no sobrepasar los 1,5 ºC. Además, no se tienen en cuenta más de 1.000 millones de toneladas de emisiones procedentes del transporte aéreo y marítimo internacional, de las que ningún país se responsabiliza.

¿Reducir las emisiones o compensarlas?

Tampoco hay que perder de vista un tema de fondo como es el logro de la neutralidad climática y los medios para alcanzarla. La idea dominante, y preocupante, no es la de reducir las emisiones y, en su caso, emitir los gases que puedan ser captados por los sumideros naturales como por ejemplo los bosques, sino que muchas empresas y gobiernos están “vendiendo” desarrollar infraestructuras para la captura y almacenaje del carbono como medida de compensación de las emisiones producidas, siendo tecnologías que aún están en fase experimental.

Un lobby muy presente en Glasgow está siendo la “Alianza Financiera de Glasgow para el Cero Neto” (GFANZ), grupo que reúne a las instituciones financieras que se comprometen a alcanzar el cero neto en sus carteras de inversión, pero la realidad es que estas entidades siguen poniendo dinero en proyectos de gas, carbón y petróleo, como vienen denunciando desde colectivos ecologistas. Se podría decir que se está buscando más el compensar emisiones que el reducirlas. De este modo se está permitiendo que los países y las empresas más contaminantes puedan seguir invirtiendo en combustibles fósiles y compensar en otro lugar.

Impact Hub y economía circular

El marco de todos los proyectos de Impact Hub Donostia, incluido el propio Coworking están enmarcados, pensados y desarrollados bajo el prisma de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Agenda imprescindible para afrontar con coherencia la crisis climática en que vivimos. El diseño y la implementación de proyectos desarrollados en el hub, tienen un carácter marcadamente social y ambiental. Destaco entre las líneas de trabajo, la labor que desarrollamos en materia de economía circular, principalmente con el tejido empresarial guipuzcoano, identificando elementos susceptibles a circularizar, a partir de la metodología Oleku. En Impact Hub Donostia entendemos la economía circular como tractor hacia economías bajas en carbono, socialmente mas justas y ambientalmente sostenibles. La descarbonización de nuestras economías es una premisa en la acción climática, tal y como se ha evidenciado en Glasgow.

Esperanza para un mundo más justo social y ambientalmente 

La COP26 ha dejado de manifiesto que la brecha entre las demandas científicas y lo que finalmente hacen los gobiernos es inmensas. Desde la comunidad científica llevan años alertando de las consecuencias que supondría un aumento de la temperatura global superior a 1.5º. Sin embargo, la falta de liderazgo y voluntad política ante los retos climáticos dibujan un escenario complejo, principalmente para las generaciones más jóvenes, donde curiosamente si encontramos liderazgos y músculo social con iniciativas y propuestas relevantes.

También se ha podido ver en Glasgow, en diversos Foros y Redes de ciudades y regiones que se han celebrado en paralelo, una gran diversidad de iniciativas muy interesantes, concretas y algunas de gran calado, impulsadas en cada caso por ciudades, regiones, comunidades indígenas y colectivos sociales que abren un halo a la esperanza. La actividad organizada social y políticamente de esas miles, millones de personas, comprometidas por todo el planeta representa hoy la esperanza para un mundo más justo social y ambientalmente. Un mundo donde las vidas, tanto del sur como del norte merezcan ser vividas con dignidad. Estamos ante un momento crucial donde las decisiones que estamos tomando hoy y las que dejamos para mañana, tienen unas consecuencias irreversibles en los próximos meses, años. No dejemos escapar este momento.


Sobre la autora 

Impact HUB Donostia