La campaña Gourmet Bag 3.0 tiene varios objetivos, uno de los cuales es sensibilizar a la ciudadanía en general frente al despilfarro alimentario para concienciar y activar la demanda en los bares y restaurantes de los 5 municipios en los que se desarrolla la misma. Para ello, en cada uno de los establecimientos a los que ha llegado la Gourmet se ha impartido un taller de 15-20 minutos dirigido a los responsables y personal de sala de dichos establecimientos de cara a informarles sobre la campaña y buscando, principalmente su proactividad, involucramiento y compromiso con la misma, en el sentido de ofrecer a sus clientes el llevarse la comida sobrante en el plato que es el objetivo principal de la misma. Además, se ha puesto una serie de materiales gráficos en lugares visibles de los establecimientos para visibilizar la campaña (la propia caja y carteles A4 en metacrilato y A3 y A2 en cartón pluma) para que lo vean los clientes sean hombres, mujeres, mayores o jóvenes… Y es de estos últimos, los jóvenes, de los que se pretende hablar en este post.

Con frecuencia se tiende a decir que los jóvenes de ahora no son como los de antes, que andan muy despistados, que deberían trabajar y/o estudiar más, que tienen poco interés por las cosas, que solo piensan en divertirse, que en los tiempos que corren de pandemia se comportan como unos auténticos irresponsables, que los temas sociales y medioambientales poco o nada les preocupan, etc., etc., etc.… y todo un conjunto de expresiones que se suelen decir en algunos entornos. No es raro que alguna de estas expresiones aparezcan entre las conversaciones de los mayores que suelen frecuentar algunos de los bares o restaurantes de esta campaña.

Sin embargo, esto no deja de ser un tópico, de que “los jóvenes de antes eran mejores que los de ahora”. Y así lo transmiten los dueños de uno de los bares adheridos a la Gourmet Bag 3.0, el Amazkar, de Oiartzun, concretamente. Este bar puede ser uno más entre tantos bares a los que acuden muchos jóvenes a tomar bocadillos o menús del día o de fin de semana, que en determinadas franjas horarias coinciden con personas de otras edades, más mayores por lo general; o puede ser un ejemplo para muchos otros bares y restaurantes a los que acuden jóvenes, cuadrillas, a comer bocadillos o menús del día y/o de fin de semana, ya que rompen con el tópico de personas poco sensibilizadas o concienciadas con el tema que nos atañe: el despilfarro alimentario.

Son muchos los jóvenes que acuden a este establecimiento, que leen lo que está visible, que se interesan por la campaña Gourmet 3.0, que preguntan, que saben o se pueden imaginar las consecuencias sociales y medioambientales que tiene el dejar comida en el plato, que lo que no se comen vaya a la basura… y sobre ello conversan, y en muchas ocasiones, se adelantan a que el camarero o camarera le ofrezca lo que han dejado para llevar y aprovecharlo. ¿Es esto irresponsabilidad? ¿Falta de sensibilidad o conciencia? NO.

Llegados a este punto surge la pregunta: ¿Seremos los seres humanos capaces de responder a los retos que nos plantea la sociedad en torno al desperdicio alimentario y a la generación de residuos? Más concretamente ¿Será la gente joven capaz de afrontar los cambios que prevén? Obviamente la percepción del mundo suele variar entre las edades dispares y como se suele decir, la experiencia es un grado, pero no siempre.

¿Qué opináis vosotras?

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